Pues sí, 876, ni una más ni una menos. Estas han sido las veces que entre todos los pilotos del Mundial han puesto a prueba la resistencia de sus equipos de protección. A simple vista parecen muchas, pero si entramos a compararlas es una auténtica barbaridad. Hasta la fecha, el año con más incidentes había sido 2005, en el que se habían registrado 737, es decir que estos muchachos a los que les encanta romper records han batido la marca por 139 caídas.
Ahondando más en el tema y teniendo en cuenta que este año no se disputó la carrera de Indianápolis en 250 el número de caídas por GP es de 48, una cifra nada despreciable. Con estos números uno tiene que salir desmoralizado, pues sabe que si no es en este fin de semana el siguiente “pillas” seguro.
De todas formas y dejando de lado las cifras, lo que está claro es que la tendencia a besar el suelo está subiendo. Ahora se puede decir que ha llovido en muchos grandes premios, algo que es cierto, pero deja claro que la seguridad activa no ha mejorado. Si lo ha hecho la pasiva, con mejores equipaciones, mejores escapatorias, air fence, muros más retirados y también suerte, porque caídas como las de Barberá, tanto Mugello, como Motegi, son de mucho daño.
En MotoGP, con toda la electrónica e hiperneumáticos de chicle, hemos visto unas caídas de miedo, cómo las de Lorenzo o el brutal impacto de Pedrosa contra el muro de Alemania o las de Hopkins y Capirossi en Assen. Podrán contar lo que quieran, pero cuando “el chino” se equivoca el suelo se ve de cerca y sigue estando extremadamente duro.
Creo que queda mucho trabajo en cuanto a seguridad, que en este deporte siempre hay un riesgo y nunca se puede dejar nada a la improvisación.